CAUSAS TEÓRICAS DE LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA RURALIDAD EN AMÉRICA LATINA

A lo largo de estos meses se han realizado distintas entradas concernientes al tema rural en América Latina. Siendo esta la última, se cree necesario realizar una presentación de las causas teóricas que generaron el estado rural actual de la región latinoamericana. Además de conocer, en base a estos, sus desafíos y visiones para el futuro.

En este contexto es importante destacar, en términos de KAY (2002), los distintos enfoques o paradigmas en los que ha sido tratado el tema del desarrollo de los países latinoamericanos, los cuales son extrapolados al mundo rural funcionando como desencadenantes de gran parte de la situación actual del mundo rural. Estos enfoques poseen distintas influencias en cuanto a los modelos y políticas públicas implementadas por los gobiernos de la región o por el mercado, dependiendo de la época vivida en la segunda mitad del siglo XX.  

Según este autor, los enfoques marcaron tendencias en estudios de investigadores y profesionales, tanto europeos como americanos. En orden cronológico, los paradigmas son los siguientes: modernizador, estructuralista, dependencia, neoliberalismo, neoestructuralismo y el de estrategias del mundo rural.

BULA (1994) describe el enfoque modernizador de acuerdo a su orígen: “La teoría de la modernización tiene una profunda herencia darwinista: la evolución biológica de lo simple a lo complejo se traslada a lo social como un paso de lo tradicional a lo moderno y, en últimas, lleva a imitar a las sociedades más desarrolladas”. En este presente, se toma a los países industrializados europeos como modelo a seguir, con actores tradicionales avocados a la tecnología (campesinos tecnologizados y el comienzo de la Revolución Verde). Además, se priorizaba el paso de de una agricultura de subsistencia a una agricultura comercial plenamente integrada al mercado para así lograr su modernización (KAY, 2002).

El enfoque estructuralista provino de la misma región ya que diversas propuestas de intelectuales de la CEPAL se convirtieron en el modelo de desarrollo a seguir por los gobiernos de la región sobre la base de los programas de desarrollo industrial y medidas económicas más allá de las fuerzas del mercado (BRICEÑO et.al. 2013). A través de la planificación económica, se veía el estado como el agente modernizador de los países en desarrollo (KAY, 2002). En este sentido es que se implementa, en varios países de la región, el modelo ISI, lo que trae consecuencias para el sector agrícola. Dentro de estas, la más importante es la implementación de la reforma agraria cuyo objetivo era terminar con la situación dualista y desigual entre latifundios y minifundios.

El enfoque de la dependencia, a grandes rasgos, critica la imposibilidad de universalizar el desarrollo industrial bajo el capitalismo, debido a los obstáculos intencionales que los centros les imponían a las periferias, ya que los centros tendían a subordinar a la periferia a través de las empresas trasnacionales. La ausencia en la explicación del subdesarrollo latinoamericano de las causas que originaban las fuertes disparidades sociales, ignorando en el análisis la existencia de intereses contrapuestos entre las clases dominantes y las clases oprimidas (BEIGEL (2010) en DÍEZ, 2013). Este paradigma trata de responder de varias maneras el subdesarrollo en países latinoamericanos, sobre todo en sus sectores más pobres aludiendo a los términos de intercambio internacionales y nacionales. En ese contexto se desarrolla el debate acerca de la desaparición del sector campesino debido a las desventajas de los pequeños productores agrícolas ante complejos agroindustriales trasnacionales.

Uno de los enfoques más influyentes que imperan hasta el día de hoy, no solo en el mundo rural, sino también en el urbano, es el neoliberal. Las políticas de los estados neoliberales figuraban dentro de los objetivos que apuntaban a hacer desaparecer organismos que en ese entonces eran favorecidos por el propio Estado benefactor, fenómeno acompañado por la represión de cualquier movimiento disidente, e incluso por la desvalorización de sus discursos y experiencias, por considerarlas radicales, transgresoras, arcaicas o fuera del contexto de la alta productividad, la ganancia y acumulación de la riqueza (DÍAZ, 2013). La idea era promover la libre competencia entre las empresas de diversos tamaños, en una lógica de mercado con la menor intervención estatal posible. De acuerdo a estos patrones es que se desarrollan políticas de apertura económica a gran escala, fomentando las inversiones extranjeras en países en vías de desarrollo. Para el mundo rural, esta situación  significa un fortalecimiento del desarrollo de explotaciones agropecuarias capitalistas, especialmente aquellas orientadas al comercio exterior. Pero aquellos productores dedicados exclusivamente a suministrar al mercado interno han tenido algunas dificultades en adaptarse debido a la crecida competencia de las importaciones de dichos productos. La desigualdad se dispara aún más en comparación a como estaba antes (KAY, 2002).

Como una respuesta al neoliberalismo aparecen, de manera renovada, los neoestructuralistas. GUTIÉRREZ (2013) afirma que este enfoque asigna un papel trascendental a la heterogeneidad (contrario a la homogeneidad propuesta por el neoliberalismo). Esto incluye, entre otras cosas, la heterogeneidad de los mercados externos; las distintas capacidades de respuesta ante los estímulos que tienen las regiones o los segmentos de mercados (empresas grandes y chicas; campesinas y urbanas). El neoestructuralismo requiere un Estado activo. Se indica que para ser consecuente con esta heterogeneidad estructural, es preciso ser selectivo: abordar un volumen de acciones que el Estado sea capaz de realizar con eficiencia social (Intervención estatal en lo concerniente a los más desfavorecidos). KAY (2002) afirma que las políticas rurales corrían bajo la lógica de hacer más competitivo a los pequeños productores, bajo el alero de tecnologización y mejor aprovechamiento del campo.

Sin embargo, todos estos enfoques se centran en la producción y su mejora como foco principal para el desarrollo de los sectores rurales, lo que no necesariamente se condice con todo el sector rural como tal. Antes de pasar al último paradigma, es necesario recordar que el mundo rural no es solo lo agrícola y su producción.

La realidad de lo rural en la actualidad incita a los investigadores a promover el desarrollo no sólo como un crecimiento a nivel económico, sino un crecimiento a nivel personal. En este sentido es que la nueva ruralidad necesita un nuevo paradigma de estudio el cual proponga tener una visión holística sobre el territorio rural. Según KAY (2002) las estrategias de la vida rural van más allá de la producción indiscriminada del campo, a tal punto de ir desbancando los antiguos paradigmas ya mencionados. Kay propone que este enfoque trae una mayor participación de los diversos actores rurales en la formulación de las políticas públicas y, además, reconoce la importancia de la base material en la formulación de las estrategias de vida pero a su vez incorpora las dimensiones sociales y culturales en dicho proceso.

Esta revisión de los paradigmas que se han introducido en temáticas de desarrollo rural en Latinoamérica propone dar una respuesta al actual estado teórico en el que se encuentra inmerso el estudio del territorio rural. Sin embargo, el estudio de un territorio que es dinámico en aspectos temporales y variado en términos espaciales no deja de tener una dificultad tal que, hasta el día de hoy, los desafíos siguen siendo, en la base, los mismos que han estado durante la mitad del siglo XX.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. BRICEÑO, J., QUINTERO, M., RUIZ, D. (2013). El pensamiento estructuralista de la CEPAL sobre el desarrollo y la integración Latinoamericana: reflexiones sobre su vigencia actual. Revista Aportes para la Integración Latinoamericana, (28), 1-34. Recuperado en 22 de agosto de 2018, de  http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/35026/Documento_completo.pdf?sequence=1
  2. BULA, J. (1994). John Rawls y la teoría de la modernización. Una retrospectiva analítica. Cuadernos de Economía, v. XIV, n, 21, Bogotá, 67-83. Recuperado en 22 de agosto de 2018, de http://bdigital.unal.edu.co/18269/1/14048-63805-1-PB.pdf
  3. DÍAZ, R. (2013). Desencuentros entre desarrollo rural y neoliberalismo: El caso del Plan Meseta Tarasca, Michoacán, México. Política y cultura, (40), 55-75. Recuperado en 22 de agosto de 2018, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422013000200004&lng=es&tlng=es.
  4. DÍEZ, M. (2013). El debate entre “estructuralismo” y “teoría de la dependencia” desde la Revista Desarrollo Económico.Opción, 29 (70), 9-30.
  5. GUTIÉRREZ, O. (2013). Aportes del paradigma neoestructuralista al análisis del desarrollo agrícola de Bolivia. Revista Perspectivas, (32), 101-144. Recuperado en 22 de agosto de 2018, de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1994-37332013000200004&lng=es&tlng=es.
  6. KAY, C. (2002). Enfoques sobre el Desarrollo Rural en América Latina y Europa desde Mediados del Siglo Veinte. El Mundo Rural en la Era de Globalización: Incertidumbres y Posibilidades, Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y Lleida: Universitat de Lleida. pp.337-429.
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