China, entre la depredación del campo y el proceso de urbanización mas grande de la historia.

China, el país con mayor cantidad de habitante en el planeta, según la ONU, se estima que para este año 2017 su población oscilará en torno a los 1.380 millones de habitantes, es decir, más que toda la población que alberga el continente Americano la cual es del rango de 992 millones de personas. Un solo país concentra más habitantes que todo un continente. Para el año 2012, China alcanzo un porcentaje similar de población rural y urbana, es decir, cerca de 700 millones de habitantes rurales. Esta cifra es tremendamente gravitante en las proyecciones de urbanización de la vida a nivel mundial, ya que solo su población campesina constituye el 10% de la población planetaria.

Este enorme crecimiento de la vida urbana en China se ha realizado a expensas del territorio rural. Desde el año 1979 con las reformas neoliberales impuestas por Deng Xiaoping, la visión desarrollista occidental penetro en la economía del país y fortaleció la noción de un anticampesinismo hacia un desarrollo óptimo para la productividad del país, ya que de la población activa, el 47% son agricultores y solo generan el 15% del PIB. Es decir, la economía agraria, considerada desde la visión occidental como una economía pre-capitalista ha estado tensionada hacia una reconversión de la matriz productiva del país.

El relación campo-ciudad en China, configura una problemática nacional de primer orden, ya que por la enorme cantidad de población que alberga el territorio rural, la dinamización de migraciones campo ciudad, podría llevar a la radical insostenibilidad de los asentamientos. Esto se ha evidenciado en los últimos 30 años donde cerca de 200 millones de chinos han dejado de ser rurales para convertirse en urbanitas y se estima que para el año 2020, entre 300 y 400 millones más se refugiarán en ciudades. Pero, ¿Qué es lo que sucede en el campo que los habitantes migran hacia las urbes?

El año 2006, la superficie agrícola cultivada de china era de 122.000 Ha, donde la superficie per cápita era de aproximadamente 0,093 Ha, es decir, 930 m2, lo que está muy por debajo de la media mundial respecto a la tenencia de tierra rural, mucha población con tierra, pero sin una superficie suficiente como para dinamizar una economía de mayor calibre. A esto se le suma que la calidad de la tierra cultivable es de baja calidad, donde sólo el 28% de ella es considerada como “muy productiva”. En China, la mitad de los campesinos no produce para el mercado, sino para la alimentación propia y local. Sólo el 30% puede comercializar más del 30% de su producción total, es decir, el 70% restante solo logra producir un pequeño excedente. Esta estrecha relación entre la cantidad de población y sus recursos disponibles ha configurado en china un frágil equilibrio dentro de un sistema territorial extremadamente complejo por la presión generada desde su población. Así el mismo gobierno chino ha definido esta situación –Ren Duo/Tian Shao (Mucha gente/Poca tierra)- como una situación determinante en el desarrollo chino.

Desde el año 79, China ha sufrido el mayor proceso de urbanización que la historia haya conocido, siendo gravitante en el centro de la transformación planetaria. El hecho de que hacia la actualidad ya concentre más población urbana que cualquier otra nación, radica en que el consumo de recursos de este país ha tenido y seguirá teniendo un peso tremendo para toda sus redes comerciales, siendo china un país que arrastra a globo entero hacia una nueva era de superpoblación y depredación económico-ambiental. “El dragón rojo ha despertado”, dicen los economistas internacionales respecto del creciente peso que la nación milenaria ha vuelto a tomar en la geopolítica goblal.

El balance sostenido por China en el campo, ha costado 3 guerras, una revolución y muchísima violencia con millones de muertos, lo que impulsó una nueva era desde la revolución cultura del Mao. La República Popular de China ha sostenido un sistema propio basado en la Comunidad Agraria como el centro del desarrollo rural. Esto estuvo en base a la práctica de redistribución de tierras que permitió darle acceso de suelo a la gran parte de la población de entonces, sustentado en una economía familia donde cada una recibirá según la cantidad de bocas que alimentar. La propiedad colectiva campesina distingue entre derecho a propiedad y derecho de explotación, por lo que este exitoso modelo, permite a las familias organizarse en comunidad mas no atomizar la propiedad colectiva por venta individual.

Este modelo se ha visto fuertemente impactado desde el año 2000 en adelante, donde los impulsos de industrialización y urbanización ha sido catastróficos para el campo chino, dinamizando una nueva polarización campo-ciudad, que ha detonado un éxodo rural masivo, enormes problemas medioambientales en las ciudades y los campos y una desestabilización del balance gente-tierra, ya que mediante cientos de expropiaciones realizadas por los gobiernos que se han abierto al capitalismo, la concentración de la tierra ha aumentado y los proyectos de  inversión han detonado la esa fragilidad, incrementando la escasez de tierra, reduciendo las condiciones de productividad y forzando a la población a concentrarse en las ciudades. Se estima que desde el año 2000 se han consumido cerca de 200.000 Ha por año, donde 30 a 40 millones de campesinos han sufrido expropiaciones aportando 450.000 millones de euros al enriquecimiento del capitalismo financiero.

Lo que hemos visto en china en los últimos 20 años es la concreción de un modelo mixto entre capitalismo y comunismo donde la nación ha sabido ocupar económicamente lo mejor de ambos modelos pero no sin absorber las problemáticas que acarrea cada una, sobre todo en términos territoriales, rompiendo ese frágil equilibrio mencionado. La urbanización del campo ha sido una decisión por parte del gobierno chino, en la medida en que el campo ha pasado a ser fruto de especulación para el mercado lo que ha detonado en la construcción de nuevas ciudades completas, el fortalecimiento de la expansión de las ciudades intermedias y también de las megalópolis. A esto se le suma los enormes proyectos de inversión en infraestructuras que esta llevando a cabo la alianza público privada con 41 mil km de autopistas en los últimos 16 años y 24 mil km más en los próximos 5 años, lo que ha restado una enorme cantidad de tierras en los últimos 24 años en alrededor de 6.6 millones de Ha, con 30 millones de campesinos afectados por estas actividades específicas, acentuando el empobrecimiento rural y rompiendo el gradual equilibrio alcanzado en la vida rural desde los tiempos de Mao.

Esta grave escasez de tierras y enorme crecimiento de población urbana también ha impulsado a China a dinamizar economías internacionales en torno a la producción agroalimenticia, siendo uno de los principales actores que se ha involucrado en la compra de tierras en los subcontinentes Africanos y Sudamericanos. China es además el principal financiador del proyecto más grande de infraestructura conocido para Sudamérica en la historia, el IIRSA. También en la región euroasiática ha comenzado la concreción de la Nueva Ruta de la Seda la cual pretende rearticular las antiguas rutas comerciales de la región bajo un proyecto de infraestructuras de transporte de alta tecnología y nuevos puertos. Todos estos proyectos promovidos por el Banco Chino para la Infraestructura. Cabe mencionar que todos estos procesos tendrán impacto en el campo en el futuro de alguna u otra manera y por ende también en las ciudades, si consideramos que un urbanita chino consume en promedio 3 veces y media más energía que un campesino chino. La demanda por recursos para el sostenimiento de su población se ha vuelto enorme lo que ha llevado a china a capturar el mercado internacional y tensionar la geopolítica económica mundial.

Sin embargo, toda esta vorágine no ha estado exenta de resistencia por parte de la población. Desde el año 2000 casi 4 millones de chinos han participado en 87.000 disturbios de los cuales más del 65% de estos incidentes de masa han ocurrido en zonas rurales ligado a las expropiaciones. Hoy se ha logrado frenar la ley de defensa del derecho de propiedad privada que buscaba consolidar todas las acaparaciones de tierra realizadas anteriormente, se introdujo un nuevo plan de control para la reducción de la tierra agraria e indemnización de los campesinos, ya que el 90% de los expropiados han sido estafados sin otorgarles nada a cambio de su tierra, situación terriblemente injusta para los campesinos que llegan a un mercado urbano saturado y se sumergen en la marginalidad. Se ha eliminado totalmente el impuesto rural, lo que ha fortalecido las economías familiares y se ha impulsado desde el 2006, a través de la declaración como primera prioridad del XI plan quinquenal 2006-2010 de la “Edificación de un Nuevo Agro Socialista”, fortaleciendo el medio rural con inversiones, asesorías técnicas y subsidios.

Esto nos lleva a reflexionar sobre las dicotomías del país que emerge con más fuerza dentro del planeta, entre las coyunturas población-tierra, rural-urbano, capitalismo-socialismo, China está en la búsqueda de construir un sistema mixto que permita complementar el desarrollo rural interno de tipo socialista con una dinámica urbana e internacional netamente neoliberal.

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