Turismo rural frente a la economía local: disyuntiva en los espacios rurales suizos.

A continuación se muestra la obra de Boscoboinik & Ejderyan (2014) más una serie de comentarios que tratan sobre las transformaciones del espacio rural en Suiza.

Suiza es reconocida mundialmente por su típico paisaje campestre inserto en zonas montañosas donde la actividad bovina y agrícola pareciera combinar perfectamente con la existencia de valles glaciales, lagos, vertientes rocosas y formidables bosques de coníferas de carácter alpino. Sin embargo, esta no es una situación azarosa dado que la identidad del país se ha gestado gracias a los habitantes que han interactuado durante siglos con el territorio que conforma aquel paisaje, lo que configura una rica tradición y una figura del campesino que actuó como personaje clave en lo que significa ser suizo.

Sin embargo, aquella concepción del paisaje se convirtió en un estandarte internacional para promover el creciente turismo rural que ofrece el país en detrimento de la economía rural tradicional sustentada por los campesinos locales mediante la agricultura familiar y el manejo de ganado bovino.

Posteriormente, el boom del turismo rural promovido en Suiza ya no sólo abarca el idealizado paisaje campestre sino que también el ámbito cultural de las comunidades que los habitan como los servicios gastronómicos, los productos locales, la visita a viñedos, la participación de fiestas y tradiciones rurales, la variedad de alojamientos (desde las casas de montaña hasta la experiencia de dormir sobre el forraje) y el senderismo. De este modo, según el gobierno suizo y las empresas de turismo, el paisaje rural se convirtió en un eje para el desarrollo pleno de esta actividad económica innovadora, haciendo que el parlamento nacional dicte políticas agrícolas en función de garantizar su condición de “intocable” (como por ejemplo regulando estrictamente la cantidad de ganado bovino por unidad espacial y en el establo, el uso de fertilizantes y abonos, entre otros).

La intención de formar una multifuncionalidad por parte del Estado suizo generó como consecuencia una seria limitación para el campesino del proveer alimento tanto para ellos mismos como para el país, ya que son vistos como los “jardineros o paisajistas de los Alpes” por su obligación insanamente impuesta de cuidar el medioambiente local para la complacencia de los turistas. De hecho, el mismo Estado les ofrece incentivos monetarios para que ellos mantengan el paisaje rural lo más intacto posible, generando una desvalorización de su trabajo (ellos mismos se sienten que “les pagan por no hacer nada”) lo cual afecta a su propia identidad gestada diariamente por su trabajo en la tierra y el manejo de su ganado y las condiciones de vida mediante la ausencia de ingresos mediante la venta de sus cultivos. De este modo, su fuerza de trabajo ya no es valorado como en los tiempos en que ellos eran actores clave de la identidad nacional, lo cual ha generado un éxodo de los jóvenes hacia las ciudades,  quedándose mayoritariamente la población senil en las áreas rurales. Así, las áreas campestres en creciente despoblamiento quedan bajo incertidumbre porque según las cifras del Banco Mundial (2016) la población rural suiza se ha reducido de un 49% en 1969 a un 26% en 2015.

De este modo, se observa una antagonía en la gestión del espacio rural por las autoridades gubernamentales localizadas en áreas urbanas del país y por la población local ubicada en los espacios campestres.

Así, la identidad se encuentra versus la fuerza imponente de la commoditización del paisaje al ser insumo para promocionarlo como bien de consumo frente a las dinámicas económicas de la globalización. Además, se evidencia una mirada sesgada y una imposición en la gestión de las áreas rurales por parte de individuos provenientes de ciudades que desconocen en su mayoría no sólo el territorio implicado sino que también los aspectos socioculturales de las comunidades campesinas que permiten articular ese espacio con gran significación para los campesinos. De hecho, la interacción continua entre la comunidad campesina y el territorio generó el paisaje tan anhelado por el Estado suizo, los dueños de las empresas turísticas y los mismos turistas, aunque es evidente que estos actores externos no reconocen ni valoran del todo a la acción de los campesinos en el espacio rural a lo largo de la historia.

Más allá de una visión nostálgica, la necesidad de preservar y dar oportunidades para las actividades agrícolas y ganaderas bovinas auténticas que han conformado el ser campesino en Suiza más allá del mismo paisaje no es incompatible con el turismo rural, sólo es necesario un cambio de enfoque que pase desde la preponderancia de la estética paisajística a un verdadero desarrollo integral donde las comunidades campesinas sean los protagonistas de forjar su camino.

Anexos:

Imagen 1: Traslado de ganado por una pequeña comunidad rural suiza.

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Imagen 2: Paisaje promovido por el turismo rural en Suiza.

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Referencias:

https://books.google.cl/books?id=HZBuCAAAQBAJ&pg=PA5454&lpg=PA5454&dq=turismo+rural+suiza&source=bl&ots=_uwopC-tld&sig=H0iErgy-Hu1frE1vrK3hKmkG_Ig&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiEjsLcupPTAhUOPJAKHe6tCCE4FBDoAQgkMAA#v=onepage&q=turismo%20rural%20suiza&f=false

http://datos.bancomundial.org/indicador/SP.RUR.TOTL.ZS

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